Las protagonistas de la historia de la imprenta en México
 

01 Marzo 2023

Jerónima Gutiérrez, esposa del editor Juan Pablos, fue la primera mujer impresora de la Nueva España

A la muerte del impresor en 1560, ella tomó las riendas del negoció y su nombre apareció por vez primera, en 1562, en el pie de imprenta de un libro, aunque con la rúbrica "De la imprenta de la Viuda de Juan Pablos", hecho en colaboración con su yerno Pedro Ocharte, tercer impresor de México.

Después de Jerónima Gutiérrez trabajó María Sansori, esposa de Pedro Ocharte, quien fue yerno de Jerónima y Juan Pablos.

A ellas le siguieron María Espinosa, hija de Antonio de Espinosa el segundo impresor de América; Feliciana Ruiz, nuera de Enrico Martínez; y, posteriormente, en el siglo XVII, están las mujeres de la dinastía Calderón y Benavides: Paula y María Benavides; Gertrudis Escobar y María Rivera Calderón y Benavides, esta última, una mujer que no se casó y se dedicó de lleno al oficio. Ella sí firmó con su nombre de pila.

Marina Garone Gravier, investigadora del Instituto de Investigaciones Bibliográficas de la UNAM, señala que entre 1541 y 1821 hubo poco más de 20 impresoras mujeres tanto en la capital del virreinato (Ciudad de México) como en Puebla, Oaxaca y Guadalajara, lo que descarta que ellas llegaran sólo por casualidad al mundo del libro mexicano, ya que una forma de que administraran este negocio era a partir de la muerte de su esposo impresor.

Lo que llama la atención es que casi todas son viudas que al morir el marido impresor sacaron a flote el negocio y hasta lograron incrementarlo; pero también hubo hijas de impresores que no se casaron y otras que estuvieron casadas pero aparecen con su nombre de pila, no como "esposa de”.

Las esposas de impresores dominaban las labores de impresión porque las imprentas eran negocios familiares; lo mismo cosían cuadernillos y plegaban pliegos de papel, que componían letras, recogían los pliegos impresos o se presentaban ante el Virrey para solicitar permisos de impresión.

Mujeres impresoras del siglo XVIII

En un artículo publicado por Luz del Carmen Beltrán Cabrera, investigadora de la Universidad Autónoma del Estado de México, “se muestran las  evidencias bibliográficas en torno al papel que las mujeres impresoras, viudas e hijas de los impresores del siglo XVIII jugaron en la producción, distribución y circulación de textos impresos; evidenciando su función en el desarrollo sociocultural del siglo XVIII novohispano en México”.

La investigadora señala “sin temor a exagerar, que los primeros textos impresos en México estuvieron bajo la responsabilidad comercial y legal   de una mujer Brígida Maldonado, esposa de Juan Cromberger, quien se queda a cargo del negocio después de la muerte de Cromberger ocurrida en 1540, apenas un año después de iniciado el taller en la Nueva España”.

Abunda además que “Dos mujeres estaban relacionadas con la imprenta novohispana, las esposas de Juan    Cromberger y Juan Pablos, Brígida Maldonado y Jerónima Gutiérrez, respectivamente. Sobre la primera de ellas, se sabe que la relación con el mundo del libro y la imprenta tiene origen en su familia de libreros en Salamanca, después se casó con Juan Cromberger con quien procreó nueve hijos; cuando su esposo murió, ninguno de los hijos se hace cargo de las imprentas, aparentemente el primero de ellos aún no contaba con la mayoría de edad o la experiencia necesaria para hacerlo, así que fue Brígida la que administró la imprenta Sevillana y la de México. La segunda mujer relacionada con el origen de la imprenta novohispana fue Jerónima Gutiérrez, esposa de Juan Pablos”.

Las impresoras del siglo XVIII

Gertrudis de Escobar, 1703 - 1714

Viuda de Miguel de Rivera Calderón, descendiente de la familia de impresores más importantes durante la Colonia en México con quien tuvo once hijos. Después de la muerte de su esposo, Gertrudis de Escobar queda a cargo del taller durante siete años, hasta el 15 de octubre de 1714, fecha de su muerte.

Juana de León y Mesa, 1726 - 1747

Hija de Cristóbal de León y de Juana de Mesa, se casó el 30 de mayo de 1694 en el Sagrario de la Catedral Metropolitana con Francisco Rivera Calderón, descendiente de la célebre familia de impresores Calderón-Benavides. A partir de la muerte de Francisco, y hasta 1747 en que aparece el último pie de imprenta con referencia a ella, el taller está a cargo de esta viuda, no obstante el negocio desaparece hasta 1794.

María de Rivera, 1732 - 1754

María Francisca y María Candelaría de Rivera, hijas de Miguel de Rivera y Gertrudis Escobar. María Francisca era la mayor, quien trabajó la imprenta que era de su padre con su hijo Francisco de Guerra. Al a su muerte la imprenta pasó a manos de su hermana María Canderlaria, quien continuó en asociación con su sobrino, y a la muerte de éste la imprenta pasó completamente a manos de María Candelaria. En 1727 se le llamó “Imprenta Real del Sugeríos Gobierno”, título que conservó hasta 1732. Fue en su taller que se imprimió la Gazeta, primer periódico mexicano que circuló entre 1732 y 1737.

Adicional a este trabajo, cabe destacar a otra viuda radicada en la ciudad de Guadalajara a principios del siglo XIX.

Petra Manjarrez, Viuda de Romero

José Fructo Romero, nativo de Torrecampo en Castilla, impresor establecido en Guadalajara en 1807, adquirió de Mariano Valdéz Téllez Girón, el taller de la primera imprenta que se estableció en Guadalajara en 1793. A su muerte, en febrero de 1820, el taller pasó a manos de su esposa Doña Petra Manjarrez y Padilla, quien continuó sus funciones hasta marzo de 1821 cuando traspasó la imprenta a Don Mariano Rodríguez. En ese taller entre el 20 de diciembre de 1810 y el 17 de enero de 1811 se imprimió el primer periódico insurgente “El Despertador Americano”, del cual se imprimieron 7 ediciones con un tiraje de 500 ejemplares cada una.

Viudas impresoras

En el marco del coloquio El papel de las mujeres en Nueva España, organizado por el Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, en noviembre de 2021, la especialista Marina Garone Gravier comentó que en varias fuentes las menciones de las impresoras son como viudas de algún impresor.

La investigadora de la UNAM compartió varios casos de impresoras como el de Feliciana Ruiz, nieta del impresor Juan Ruiz, que se dio a conocer gracias a Pérez de Salazar, quien publicó el testamento del impresor en donde se nombra como albacea a la nieta (en 1670).

“A la muerte de Ruiz, el inventario de sus bienes se realizó en agosto y en octubre (de 1670) Feliciana hace una solicitud para la impresión de pronósticos. En su testamento Juan dice: quiero y es mi voluntad que Feliciana, mi nieta, viuda de José Butragueño, por estar tan capaz y perita en el arte de la impresión, dejo en su poder de la susodicha los moldes y demás adherentes de imprenta para que con su mucho cuidado lo continúe y vaya en aumento”.

Otro caso lo encontró en el Archivo General de la Nación: una solicitud del impresor poblano Pedro de la Rosa presentada ante las autoridades, en 1773, para que se le permita a su hija y otras mujeres imprimir.

“La petición se resolvió favorable y se le pidió al gobernador la implementación de la imprenta perteneciente a los Colegios de Puebla. La hija de Pedro era María Manuela de la Rosa, quien era nieta de la impresora poblana Manuela Cerezo, pieza clave en la preservación de los privilegios de impresión de la familia Ortega y Bonilla-Si bien no hay pies de imprenta con el nombre de María Manuela, aquí estamos ante un caso sobresaliente que pasó inadvertido”, señaló.

La investigadora Núria Lorente Queralt, de la Universitat de València, España, añadió que en caso de las viudas impresoras, ninguna volvió a contraer matrimonio, es decir, enfrentaron solas el negocio.

“Se define su participación en la imprenta a partir de su relación con los varones impresores de su familia, en la documentación histórica son incluidas en calidad de hijas, mujeres, viudas e incluso madres. Las mujeres impresoras no han tenido una historia propia”, concluyó.